Antes de aplicar cualquier bioestimulante conviene saber qué se va a medir, cuándo y con qué límites. En esta página detallamos el orden habitual de un proyecto: desde la primera visita al campo hasta el informe de cierre, incluyendo los tiempos que dependen del cultivo y las decisiones que no podemos tomar por usted.
En la página de flujo de trabajo conviene saber con antelación cuánto tarda una respuesta y por dónde llega. No todas las consultas requieren lo mismo: una duda sobre un ensayo en curso se resuelve distinto que una solicitud de visita a la parcela experimental. Abajo detallamos cada canal, el tiempo orientativo de respuesta y el tipo de información que conviene adjuntar desde el primer mensaje.
Cada parcela llega con su propio historial: textura de suelo, agua disponible, rotación previa y presión de estrés. No existe una receta única, así que el proceso se organiza por etapas cortas donde se decide si conviene seguir, ajustar o detener la intervención.
Trabajamos con extractos vegetales, consorcios microbianos y enmiendas orgánicas. Ninguna aplicación sustituye un riego bien dimensionado ni corrige un suelo compactado por sí sola.
Recogemos cultivo, superficie, tipo de riego, análisis de suelo recientes si existen y episodios de estrés hídrico o salino de las últimas campañas. Si no hay datos previos, lo decimos: sin referencia de partida cualquier resultado posterior es difícil de interpretar.
Definimos qué medir antes de aplicar: conductividad, materia orgánica, actividad radical y estado fenológico. El muestreo se hace en puntos fijos para poder comparar después. Esta fase suele ocupar entre una y tres semanas según la época del año.
Elegimos el tipo de extracto o consorcio microbiano en función del problema detectado, no del catálogo. Indicamos vía de aplicación, momento fenológico y número de pases. También explicamos qué no esperamos conseguir con esa combinación.
Las aplicaciones se documentan con fecha, condiciones meteorológicas y equipo usado. Se reserva una franja sin tratar como referencia interna. Si aparece lluvia intensa o una ola de calor justo después, se anota y se tiene en cuenta al leer los resultados.
Comparamos los indicadores medidos al inicio con los del cierre de ciclo. Los resultados se entregan con su margen de incertidumbre y con las variables que no pudimos controlar. A partir de ahí se decide si repetir, modificar la dosis o cambiar de enfoque.
El informe final queda como base para la temporada siguiente. Si el cultivo rota o cambia el sistema de riego, el plan se revisa desde el principio. Puedes ver el detalle de una formulación concreta en nuestro servicio de arranque o escribirnos directamente desde la página de contacto.